LLAMADAS A HACER LA DIFERENCIA
Por : Marcia Gómez
Hola bienvenidas queridas mujeres llamadas a ser diferentes. Es un privilegio poder compartir con ustedes en esa hora esa palabra estamos llamadas a hacer la diferencia.Estás llamada a hacer la diferencia Hacer la diferencia no es simplemente ser conocida como “evangélica”, hacer la diferencia es tener la postura de una cristiana que camina con Dios y que refleja ese caminar en sus relaciones. Como iglesia, tenemos la misión de hacer una diferencia en la vida de las personas, de generar un impacto en las vidas de nuestros familiares, nuestros compañeros de trabajo y, en última instancia, nuestra sociedad. Para tener iglesias fuertes y bendecidas, venciendo el poder del pecado y del enemigo, necesitamos ser creyentes fuertes, vigorosos, dispuestos a pagar el precio de la santificación de nuestras vidas. La santificación en la vida de una cristiana no viene por casualidad. Y tampoco es colectivo, al contrario es individual. Es gradual, es constante, es la escalera al cielo. A todos se nos ha ordenado ser santos, “porque Él es santo”.(1 Pedro 1:16). Y solo es de una manera podemos lograr esto. Es colocar nuestra fé exclusivamente en Cristo e mirar en la cruz y ve los sufrimientos que Él vivió para nos dar la libertad de acción al Espíritu Santo para ayudarnos y Él sólo puedes perfecciona la santidade en nuestras vidas Por tanto, quien no busca la santificación para su vida está dejando de cumplir la Palabra de Dios. Se necesita un corazón dispuesto a buscar “las cosas de arriba” (Col 3:1) la nueva vida que decidimos tener al lado de cristo busco o que viene directamente del Señor no del hombre busco “primero el reino de Dios”sus intereses deben ser primero. Dios me garante la provisión , su provisión divina en mi vida. (Mt 6:33), dejando que “la palabra de Cristo habite en abundancia en nosotras”En cristo somos una nueva creación ahora tenemos el conocimiento de cristo, lo que Él representa en nuestras vidas. (Col 3:10), nos projimamos de Él a través de la oración hacemos de ella uns práctica diaria a nuestra vida, debemos acostumbranos a la oración para no dejarla. “perseverando en la oración, velando en la acción de gracias”. (Col 4:2). Estamos haciendo una diferencia donde Dios nos ha puesto? Y si lo somos, ¿qué tipo de diferencia estamos haciendo? Jesús nos llamó a hacer una diferencia. La Biblia nos habla de la importancia de la sal, mostrándonos su función de sazonar, conservar y limpiar (Levítico 2:13; Jueces 9:45; Job 6:6; Ezequiel 16:4). Sabemos que la sal es extremadamente necesaria para conservar los alimentos y un elemento importante en nuestra dieta. Jesús dijo: “vosotros sois la sal de la tierra”, (v.13) es decir, somos la sal en la vida de las personas, Jesús compara la actitud de los discípulos con la sal. Jesús afirma que la sal que no sala, que no sazona, no sirve para nada, sino para ser echada fuera y pisoteada por los hombres. Mateo 5:13. Los cristianos que no salan caen en el olvido de la historia y no son recordados ni por los hombres ni por Dios. El cristiano debe salar y no perder su poder de sazonar (Mc 9,50; Lc 14,34; Col 4,6).
Muchos cristianos viven un cristianismo insulso, de fachada, que no hace ninguna diferencia y que no tiene impacto en su generación. Generar un impacto, hacer una diferencia y marcar una diferencia no se trata simplemente de celebrar grandes eventos, sino de mezclarse entre aquellos que están perdidos en el pecado y que necesitan vida (MT 9:12). La tierra estaba desordenada y vacía; La oscuridad cubrió la faz del abismo. (Génesis 1:1-3). Lo primero que Dios trae a la existencia es la luz. La luz es la representación básica de la gloria de Dios. El mundo está bajo el maligno, debido a esta situación la humanidad vive en tinieblas. El pueblo que vivía en tinieblas vio una gran luz (Mt 4,16).
Jesús es esta gran luz, comenzamos a predicar la venida del reino de los cielos.
Estamos llamadas a hacer la diferencia, a tomar en serio que somos hijas de la luz, en la certeza de que nuestra vida expone toda obra de las tinieblas delante de la gente, obligando al pecador a una vida nueva, a despertar del sueño (Ef 5,8-4).
La vida cristiana debe ser vista, Jesús quiere que la gente vea nuestras obras. Cuando las personas miran nuestras vidas y se dan cuenta que somos diferentes, que somos sal de la tierra y luz del mundo, a través de esto, pueden glorificar a Dios y convertirse a Cristo. Pablo nos instruye a hacer todo para la gloria de Dios. (1 Corintios 10:31). Desde el momento en que reconoces que necesitas tener una vida más dedicada al Reino de Dios, busca la Persona de Dios, pide misericordia; confiesa tus pecados; y presentarte delante de Dios con pureza y rectitud de corazón, tu estado comienza a cambiar.
¡Esta es una promesa! El cristianismo es sinónimo de una vida que marca la diferencia. Ya sea en la oficina, ejerciendo nuestra profesión, o en nuestras relaciones (familiares, amigos, desconocidos), fuimos rescatados de la oscuridad, de la muerte y del pecado para ser sal de la tierra, luz del mundo y todo sea gloria de Dios.
¿En qué estado te encuentras ahora? ¿Hay en tu corazón un deseo por “las cosas de arriba”? ¿Está abundando la Palabra de Cristo en tu vida? ¿Has estado perseverando en la oración, velando con acción de gracias? ¿O estás viviendo los altibajos de la vida religiosa, sin una verdadera santificación? Busca la santificación, haz la diferencia en este mundo oscuro, porque esta es ciertamente la voluntad del Señor para tu vida.
Dios bendiga

Comentarios
Publicar un comentario